Si, Él responde...
[...] Al abrir los ojos ( tal vez gritaba ya) vio que se habían separado. Ahora sí gritó. De frío, porque la nieve le estaba entrando por los zapatos rotos, porque yéndose camino de la plaza iba Alina Reyes lindísima en su sastre gris, el pelo un poco suelto contra el viento, sin dar vuelta la cara y yéndose.
Si, Él responde...

Jane Eyre es el mejor retrato de una mujer actual. Aquella mujer carente de algunas cualidades pero dotadas de otras que se enfrenta al porvenir a pesar de sus inseguridades y complejos sabiendo que no posee otra chance más que la de avanzar frente a la tormenta desprovista de los privilegios que otras obstentan.
Jane Eyre, podría ser la que intenta (y por momentos logra) disciplinar sus sentimientos ante la tormenta de confusión y tristeza que siente su corazón frente al señor Rochester.
¿Buscas una heroína que no se encuentre dotada de una belleza deslumbrante? encuentra a Jane Eyre.




''Paciencia ya agotada tomo una silla y se recostó;
Alegría lloró por aquellas sonrisas que debía mantener al lado de Paciencia;
Esperanza cerró la puerta y la aseguró con cerrojo para que ya nadie las pudiera dañar.
Melancolía fue nombrada Reina de aquel oscuro salón,
Tristeza se sentó a su lado.
Razón y Amor permanecieron del otro lado del cerrojo en donde Paciencia, Alegría y Esperanza ya no podían verlas ni oírlas''.
Dobló la hoja por la mitad, miró hacia la ventana y observó la transitada calle en la que todos parecían correr hacia algún sitio pero sin ninguna dirección.
Sola en aquella habitación volvió a desdoblar la hoja y a releerla, una y otra vez, una y otra vez, una y ...
''Melancolía mi Reina,
me ordena a cerrar las ventanas y sentarme junto a Esperanza, Alegría y Paciencia,
a cambio me promete que ya nada me podrá dañar''.
Fue una tarde de mayo en la que ella decidió partir, sentada junto a su ventana y a su hoja en mano se marcho. No sé donde, solo partió lejos de aquel mundo que corría veloz, mientras su teléfono no dejaba de sonar...

Todas necesitamos hacerlo en algún momento, llega un punto en el que esa máscara nos impide respirar, nos ahoga y nos presiona y en tanto en tanto debemos quitarla para volver a respirar. Máscaras de silencios, máscaras de sonrisas, máscaras de serenidad... en algún momento, a solas con Dios reconoce tu máscara, quitala y habla con Él, muestra tus ojos con lágrimas, dale a Dios tu lista de preguntas, cuentale tus tristezas, porque Él no juzgará, no te ignorará, no te rechazará, Él te aceptará y te consolará.
Simplemente eso... sentarme y charlar con Él... eso quiero, eso quisiera pero... pasa el día y me cuesta tanto hacerlo como necesito hacerlo realmente. 


quedaría ante su gran temor, la incertidumbre y el desconocimiento sobre su próximo paso.